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Esta página explica qué es el Oficio divino, cómo se comparan el Breviario Romano tradicional y la Liturgia de las Horas, y cómo empezar a rezarlo uno mismo con una sola hora. Al final hay una hora breve completa, las Completas del domingo, en latín y en español, y una lista de buenos lugares donde encontrar los textos.
El Oficio divino es la oración pública de la Iglesia a lo largo del día y de la noche. A horas fijas, desde antes del alba hasta la hora de acostarse, la Iglesia alaba a Dios, escucha la Escritura y reza por el mundo. El Concilio Vaticano II lo llamó «la voz de la misma Esposa que habla al Esposo», y dijo que su fin es santificar todo el curso del día (Sacrosanctum Concilium, 84 y 88).
Los salmos son su corazón. La mayor parte de cada hora está hecha de salmos, con lecturas breves, himnos y oraciones a su alrededor. Esta costumbre viene del mismo Salterio: «Siete veces al día te tributé alabanzas» y «A media noche me levantaba a tributarte gracias» (Salmo 118,164 y 118,62, en la versión de Torres Amat). San Benito cita los dos versos para explicar por qué los monjes rezan siete veces durante el día y una vez por la noche.
Esta misma oración tiene varios nombres. Oficio divino es el nombre tradicional. Breviario es el nombre del libro que lo contiene. Liturgia de las Horas es el nombre que se usa para el oficio reformado desde 1971. San Benito lo llamaba la Obra de Dios (Opus Dei).
Quién lo reza. El Código de Derecho Canónico pide a los sacerdotes, y a los diáconos que se encaminan al sacerdocio, que recen cada día la Liturgia de las Horas. Los diáconos permanentes rezan la parte que fija su conferencia episcopal (canon 276 §2, 3°). Los religiosos la rezan según lo que establezcan sus propias constituciones (canon 1174 §1). Los laicos no tienen obligación, pero la Iglesia los anima vivamente a participar en ella (canon 1174 §2). El Concilio pidió a los párrocos que procuren que las Vísperas se canten en la iglesia los domingos y fiestas, y animó a los laicos a rezar el oficio con los sacerdotes, entre ellos o a solas (Sacrosanctum Concilium, 100).
El rito romano tiene dos formas del oficio, igual que tiene dos formas de la misa.
El Breviario Romano tradicional. Después del Concilio de Trento, el papa san Pío V publicó en 1568 un Breviario Romano reformado. En 1911 el papa san Pío X reorganizó los salmos con Divino Afflatu, de modo que se reza el Salterio entero cada semana; la reforma entró en vigor en 1913. El oficio se abrevió otra vez en 1955 y de nuevo con san Juan XXIII en 1960. El breviario de 1960 es la edición que corresponde al misal de 1962. Tiene ocho horas:
La Liturgia de las Horas. El Concilio pidió que se revisara el oficio (Sacrosanctum Concilium, 89). El papa san Pablo VI promulgó el nuevo oficio con Laudis Canticum el 1 de noviembre de 1970, y la edición latina, Liturgia Horarum, siguió el 11 de abril de 1971. Los salmos se reparten ahora en cuatro semanas en lugar de una. Laudes y Vísperas son los dos «quicios» del día. Se suprimió Prima. Fuera del coro, se puede rezar solo una de las tres horas del día, la que mejor convenga a la hora en que se esté.
Así se corresponden las horas:
En Irlanda y en Gran Bretaña la edición inglesa de la Liturgia de las Horas es The Divine Office. Los Estados Unidos tienen su propia edición, y allí se ha aprobado una nueva traducción inglesa, que entrará en uso entre la Cuaresma de 2027 y el Adviento de 2028.
La Regla de san Benito, escrita en el siglo VI, da la forma monástica del oficio. Benito fija siete horas durante el día: Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas. A ellas añade el oficio nocturno de Vigilias. Los 150 salmos se cantan cada semana, empezando de nuevo cada domingo en Vigilias, y dice que «nada se anteponga a la Obra de Dios» (Regla, capítulos 16, 18 y 43). Sus Completas son las más sencillas de todas: los mismos tres salmos cada noche (4, 90 y 133), cantados sin antífonas. Las casas benedictinas que hoy siguen los libros antiguos rezan con el Breviarium Monasticum, el breviario monástico. Sus horas llevan los mismos nombres que las romanas, pero reparten los salmos de otra manera. Los dos monasterios que se mencionan más abajo, Le Barroux y Silverstream, cantan así el oficio, en latín y en canto gregoriano.
No intente rezar todo el oficio de una vez. Empiece con una hora y manténgala. Completas es el primer paso habitual. Es breve, llega al final natural del día y casi no cambia de una noche a otra. En la Liturgia de las Horas, los salmos de las Completas del domingo pueden usarse cualquier noche, lo que facilita aprenderlos de memoria. En el oficio monástico, Completas es igual todas las noches.
Cada hora se construye con las mismas pocas partes. Una vez que se conocen, cualquier hora de cualquiera de las dos formas es fácil de seguir.
Estas son las Completas del domingo tal como quedan en el Breviario Romano después de la reforma de san Pío X de 1911, que son también las Completas del domingo en el breviario de 1960. Entre semana cambian la antífona y los salmos, y en el tiempo pascual algunas partes llevan Aleluya. Lo demás es igual todas las noches. Los salmos, el cántico de Simeón y la lectura breve se dan en la traducción de la Vulgata de Félix Torres Amat (edición de 1883, con la ortografía actualizada). El gloria y la Salve son los textos de la Santa Sede en el Compendio del Catecismo, el verso inicial es el de la Santa Sede en Rosarium Virginis Mariae, el «Yo pecador» es el del Catecismo del padre Astete, y algunas respuestas son las de la edición española de la Liturgia de las Horas. Lo demás es una traducción del latín, y se indica debajo de cada tabla. Las instrucciones van en cursiva.
Las Completas empiezan con la petición de una bendición y una lectura breve. En los libros de 1960 la primera línea dice «Jube, Dómine, benedícere».
| V. Jube, domne, benedícere. | V. Dígnate, señor, dar la bendición. |
| Benedictio. Noctem quiétam et finem perféctum concédat nobis Dóminus omnípotens. R. Amen. | Bendición. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa. R. Amén. |
| Lectio brevis (1 Pet 5:8-9). Fratres: Sóbrii estóte, et vigiláte: quia adversárius vester diábolus tamquam leo rúgiens círcuit, quærens quem dévoret: cui resístite fortes in fide. | Lectura breve (1 Pe 5,8-9). Hermanos: Sed sobrios, y estad en continua vela, porque vuestro enemigo el diablo anda girando como león rugiente alrededor de vosotros, en busca de presa que devorar: resistidle firmes en la fe. |
| V. Tu autem, Dómine, miserére nobis. R. Deo grátias. | Y tú, Señor, ten piedad de nosotros. R. Demos gracias a Dios. |
| V. Adjutórium nostrum in nómine Dómini. R. Qui fecit cælum et terram. | V. Nuestro socorro viene del Nombre del Señor. R. Creador del cielo y de la tierra. |
Las líneas «Dígnate, señor, dar la bendición» y «Y tú, Señor, ten piedad de nosotros» son una traducción del latín para ayudar a seguirlo, no un texto litúrgico aprobado.
El padrenuestro se dice en silencio. En los libros de 1960 se puede hacer en su lugar un examen de conciencia. Sigue la confesión.
| Confíteor Deo omnipoténti, beátæ Maríæ semper Vírgini, beáto Michaéli Archángelo, beáto Joánni Baptístæ, sanctis Apóstolis Petro et Paulo, et ómnibus Sanctis, quia peccávi nimis, cogitatióne, verbo et ópere: mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa. Ídeo precor beátam Maríam semper Vírginem, beátum Michaélem Archángelum, beátum Joánnem Baptístam, sanctos Apóstolos Petrum et Paulum, et omnes Sanctos, oráre pro me ad Dóminum Deum nostrum. | Yo pecador me confieso a Dios todopoderoso, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado san Miguel Arcángel, a san Juan Bautista, a los santos Apóstoles san Pedro y san Pablo, a todos los Santos, que pequé gravemente con el pensamiento, palabra y obra, por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado san Miguel Arcángel, a san Juan Bautista, a los santos Apóstoles san Pedro y san Pablo, a todos los Santos, que rueguen por mí a Dios nuestro Señor. |
| Misereátur nostri omnípotens Deus, et dimíssis peccátis nostris, perdúcat nos ad vitam ætérnam. R. Amen. | Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. R. Amén. |
| Indulgéntiam, absolutiónem et remissiónem peccatórum nostrórum tríbuat nobis omnípotens et miséricors Dóminus. R. Amen. | El Señor todopoderoso y misericordioso nos conceda el perdón, la absolución y la remisión de nuestros pecados. R. Amén. |
| V. Convérte nos, Deus, salutáris noster. R. Et avérte iram tuam a nobis. | V. Conviértenos, oh Dios, Salvador nuestro. R. Y aparta tu ira de nosotros. |
| V. Deus, in adjutórium meum inténde. R. Dómine, ad adjuvándum me festína. | V. Dios mío, ven en mi auxilio. R. Señor, date prisa en socorrerme. |
| Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen. Allelúja. | Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. |
La línea «El Señor todopoderoso y misericordioso nos conceda el perdón…» es una traducción del latín para ayudar a seguirlo, no un texto litúrgico aprobado.
Desde Septuagésima hasta Pascua, en lugar de Aleluya, se dice:
| Laus tibi, Dómine, Rex ætérnæ glóriæ. | Alabanza a ti, Señor, Rey de eterna gloria. |
Esta línea es una traducción del latín para ayudar a seguirlo, no un texto litúrgico aprobado.
Los tres salmos se dicen bajo una sola antífona. La antífona se dice antes de ellos (algunos días solo sus primeras palabras) y entera después. Cada salmo termina con el gloria.
| Ant. Miserére mihi, Dómine, et exáudi oratiónem meam. | Ant. Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración. |
La antífona es una traducción del latín para ayudar a seguirlo, no un texto litúrgico aprobado.
Salmo 4
| Cum invocárem exaudívit me Deus justítiæ meæ: in tribulatióne dilatásti mihi. | Así que yo le invoqué, oyóme Dios, que es mi justicia: tú, oh Dios mío, en mi angustia me ensanchaste el corazón. |
| Miserére mei, et exáudi oratiónem meam. | Apiádate aun de mí, y presta oídos a mi oración. |
| Fílii hóminum, úsquequo gravi corde? ut quid dilígitis vanitátem, et quǽritis mendácium? | Oh hijos de los hombres, ¿hasta cuándo seréis de estúpido corazón? ¿por qué amáis la vanidad y vais en pos de la mentira? |
| Et scitóte quóniam mirificávit Dóminus sanctum suum: Dóminus exáudiet me cum clamávero ad eum. | Sabed, pues, que es el Señor quien ha hecho admirable a su santo: el Señor me oirá siempre que clamare a él. |
| Irascímini, et nolíte peccáre: quæ dícitis in córdibus vestris, in cubílibus vestris compungímini. | Enojaos, y no queráis pecar más; compungíos en el retiro de vuestros lechos de las cosas que andáis meditando en vuestros corazones. |
| Sacrificáte sacrifícium justítiæ, et speráte in Dómino. Multi dicunt: Quis osténdit nobis bona? | Ofreced sacrificios de justicia, y confiad en el Señor. Dicen muchos: ¿Quién nos hará ver los bienes que se nos prometen? |
| Signátum est super nos lumen vultus tui, Dómine: dedísti lætítiam in corde meo. | Impresa está, Señor, sobre nosotros la luz de tu rostro: tú has infundido la alegría en mi corazón. |
| A fructu fruménti, vini, et ólei sui multiplicáti sunt. | Ellos están bien abastecidos y alegres con la abundancia de su trigo, vino y aceite: |
| In pace in idípsum dórmiam, et requiéscam; | mas yo, Dios mío, dormiré en paz, y descansaré en tus promesas: |
| Quóniam tu, Dómine, singuláriter in spe constituísti me. | porque tú, oh Señor, solo tú has asegurado mi esperanza. |
| Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen. | Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. |
Salmo 90
| Qui hábitat in adjutório Altíssimi, in protectióne Dei cæli commorábitur. | El que se acoge al asilo del Altísimo, descansará siempre bajo la protección del Dios del cielo. |
| Dicet Dómino: Suscéptor meus es tu, et refúgium meum: Deus meus sperábo in eum. | Él dirá al Señor: Tú eres mi amparo y refugio; el Dios mío en quien esperaré. |
| Quóniam ipse liberávit me de láqueo venántium, et a verbo áspero. | Porque él me ha librado del lazo de los cazadores, y de terribles adversidades. |
| Scápulis suis obumbrábit tibi: et sub pennis ejus sperábis. | Con sus alas te hará sombra; y debajo de sus plumas estarás confiado. |
| Scuto circúmdabit te véritas ejus: non timébis a timóre noctúrno, | Su verdad te cercará como escudo: no temerás terrores nocturnos, |
| A sagítta volánte in die, a negótio perambulánte in ténebris: ab incúrsu, et dæmónio meridiáno. | ni la saeta disparada de día; ni al enemigo que anda entre tinieblas, ni los asaltos del demonio en medio del día. |
| Cadent a látere tuo mille, et decem míllia a dextris tuis: ad te autem non appropinquábit. | Caerán a tu lado izquierdo mil saetas y diez mil a tu diestra; mas ninguna te tocará a ti. |
| Verúmtamen óculis tuis considerábis: et retributiónem peccatórum vidébis. | Tú lo estarás contemplando con tus propios ojos, y verás el pago que se da a los pecadores, y exclamarás: |
| Quóniam tu es, Dómine, spes mea: Altíssimum posuísti refúgium tuum. | ¡Oh, y cómo eres tú, oh Señor, mi esperanza! Tú, oh justo, has escogido al Altísimo para asilo tuyo. |
| Non accédet ad te malum: et flagéllum non appropinquábit tabernáculo tuo. | No llegará a ti el mal, ni el azote se acercará a tu morada. |
| Quóniam Ángelis suis mandávit de te: ut custódiant te in ómnibus viis tuis. | Porque él mandó a sus ángeles que cuidasen de ti: los cuales te guardarán en cuantos pasos dieres. |
| In mánibus portábunt te: ne forte offéndas ad lápidem pedem tuum. | Te llevarán en las palmas de sus manos; no sea que tropiece tu pie en alguna piedra. |
| Super áspidem, et basilíscum ambulábis: et conculcábis leónem et dracónem. | Andarás sobre áspides y basiliscos, y hollarás los leones y dragones: |
| Quóniam in me sperávit, liberábo eum: prótegam eum, quóniam cognóvit nomen meum. | ya que ha esperado en mí, yo le libraré: yo le protegeré, pues que ha conocido o adorado mi Nombre. |
| Clamábit ad me, et ego exáudiam eum: cum ipso sum in tribulatióne: erípiam eum et glorificábo eum. | Clamará a mí, y le oiré benigno. Con él estoy en la tribulación: pondréle en salvo, y llenarle he de gloria. |
| Longitúdine diérum replébo eum: et osténdam illi salutáre meum. | Le saciaré con una vida muy larga; y le haré ver el Salvador que enviaré. |
| Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen. | Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. |
En el primer verso, la Biblia inglesa de Douay-Rheims revisada por Challoner dice «el Dios de Jacob». El latín dice «el Dios del cielo», y así traduce también Torres Amat.
Salmo 133
| Ecce nunc benedícite Dóminum, omnes servi Dómini: | Ea pues, bendecid al Señor ahora mismo, vosotros todos, oh siervos del Señor: |
| Qui statis in domo Dómini, in átriis domus Dei nostri. | vosotros los que asistís en la casa del Señor, en los atrios del templo de nuestro Dios. |
| In nóctibus extóllite manus vestras in sancta, et benedícite Dóminum. | Levantad por las noches vuestras manos hacia el santuario, y alabad al Señor. |
| Benedícat te Dóminus ex Sion, qui fecit cælum et terram. | Bendígate desde Sion el Señor que crió el cielo y la tierra. |
| Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen. | Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. |
| Ant. Miserére mihi, Dómine, et exáudi oratiónem meam. | Ant. Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración. |
La antífona es una traducción del latín para ayudar a seguirlo, no un texto litúrgico aprobado.
Himno
| Te lucis ante términum, / Rerum Creátor, póscimus, / Ut pro tua cleméntia / Sis præsul et custódia. | Antes de que acabe la luz, / Creador de todas las cosas, te pedimos / que por tu clemencia / seas nuestro guardián y defensa. |
| Procul recédant sómnia, / Et nóctium phantásmata; / Hostémque nostrum cómprime, / Ne polluántur córpora. | Huyan lejos los malos sueños / y los fantasmas de la noche; / reprime a nuestro enemigo, / para que no se manchen nuestros cuerpos. |
| Præsta, Pater piíssime, / Patríque compar Únice, / Cum Spíritu Paráclito / Regnans per omne sǽculum. Amen. | Concédelo, Padre piadosísimo, / y tú, Hijo único, igual al Padre, / que con el Espíritu Paráclito / reinas por todos los siglos. Amén. |
El himno es una traducción del latín para ayudar a seguirlo, no un texto litúrgico aprobado.
Capítulo, responsorio y verso
| Capitulum (Jer 14:9). Tu autem in nobis es, Dómine, et nomen sanctum tuum invocátum est super nos: ne derelínquas nos, Dómine, Deus noster. R. Deo grátias. | Capítulo (Jer 14,9). Tú, Señor, estás en medio de nosotros, y tu santo nombre ha sido invocado sobre nosotros: no nos abandones, Señor, Dios nuestro. R. Demos gracias a Dios. |
| R. br. In manus tuas, Dómine, comméndo spíritum meum. R. In manus tuas, Dómine, comméndo spíritum meum. | Responsorio breve. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. |
| V. Redemísti nos, Dómine, Deus veritátis. R. Comméndo spíritum meum. | V. Tú nos has redimido, Señor, Dios de verdad. R. Encomiendo mi espíritu. |
| V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. R. In manus tuas, Dómine, comméndo spíritum meum. | V. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. |
| V. Custódi nos, Dómine, ut pupíllam óculi. R. Sub umbra alárum tuárum prótege nos. | V. Guárdanos, Señor, como a la niña de tus ojos. R. Protégenos a la sombra de tus alas. |
El capítulo y los versos «Tú nos has redimido…» y «Guárdanos, Señor…» son una traducción del latín para ayudar a seguirlo, no un texto litúrgico aprobado.
El cántico de Simeón (Lc 2,29-32)
| Ant. Salva nos, Dómine, vigilántes, custódi nos dormiéntes; ut vigilémus cum Christo, et requiescámus in pace. | Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz. |
| Nunc dimíttis servum tuum, Dómine, secúndum verbum tuum in pace: | Ahora, Señor, ahora sí que sacas en paz de este mundo a tu siervo, según tu promesa. |
| Quia vidérunt óculi mei salutáre tuum, | Porque ya mis ojos han visto al Salvador que nos has dado; |
| Quod parásti ante fáciem ómnium populórum, | al cual tienes destinado para que, expuesto a la vista de todos los pueblos, |
| Lumen ad revelatiónem géntium, et glóriam plebis tuæ Israël. | sea luz brillante que ilumine a los gentiles, y la gloria de tu pueblo de Israel. |
| Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen. | Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. |
| Ant. Salva nos, Dómine, vigilántes, custódi nos dormiéntes; ut vigilémus cum Christo, et requiescámus in pace. | Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz. |
Según las rúbricas más antiguas, algunos días siguen unas breves oraciones llamadas preces. Los libros de 1955 y 1960 las omiten, como se hace aquí. Un sacerdote o un diácono dice «Dominus vobiscum» (El Señor esté con vosotros) en lugar del primer «Domine, exaudi».
Oración y bendición
| V. Dómine, exáudi oratiónem meam. R. Et clamor meus ad te véniat. | V. Escucha, oh Señor, benignamente mis ruegos. R. Y lleguen hasta ti mis clamores. |
| Orémus. Vísita, quǽsumus, Dómine, habitatiónem istam, et omnes insídias inimíci ab ea longe repélle: Ángeli tui sancti hábitent in ea, qui nos in pace custódiant; et benedíctio tua sit super nos semper. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. R. Amen. | Oremos. Visita, Señor, te rogamos, esta casa, y aleja de ella todas las asechanzas del enemigo; habiten en ella tus santos ángeles, que nos guarden en paz, y que tu bendición esté siempre sobre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén. |
| V. Dómine, exáudi oratiónem meam. R. Et clamor meus ad te véniat. | V. Escucha, oh Señor, benignamente mis ruegos. R. Y lleguen hasta ti mis clamores. |
| V. Benedicámus Dómino. R. Deo grátias. | V. Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios. |
| Benedictio. Benedícat et custódiat nos omnípotens et miséricors Dóminus, Pater, et Fílius, et Spíritus Sanctus. R. Amen. | Bendición. Nos bendiga y nos guarde el Señor todopoderoso y misericordioso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. R. Amén. |
La oración «Visita, Señor…», el «Bendigamos al Señor» y la bendición final son una traducción del latín para ayudar a seguirlo, no un texto litúrgico aprobado.
Completas termina con una antífona a Nuestra Señora que cambia según el tiempo del año. El Alma Redemptoris Mater se dice desde el Adviento hasta el 2 de febrero, el Ave Regina caelorum desde entonces hasta el Jueves Santo, y el Regina caeli en el tiempo pascual. Desde el domingo de la Santísima Trinidad hasta el Adviento es la Salve Regina, que se da aquí.
| Salve, Regína, mater misericórdiæ; vita, dulcédo et spes nostra, salve. Ad te clamámus éxsules fílii Hevæ. Ad te suspirámus geméntes et flentes in hac lacrimárum valle. Eja ergo, advocáta nostra, illos tuos misericórdes óculos ad nos convérte. Et Jesum, benedíctum fructum ventris tui, nobis post hoc exsílium osténde. O clemens, o pia, o dulcis Virgo María. | Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! |
| V. Ora pro nobis, sancta Dei Génetrix. R. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi. | V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo. |
| Orémus. Omnípotens sempitérne Deus, qui gloriósæ Vírginis Matris Maríæ corpus et ánimam, ut dignum Fílii tui habitáculum éffici mererétur, Spíritu Sancto cooperánte, præparásti: da, ut, cujus commemoratióne lætámur, ejus pia intercessióne, ab instántibus malis et a morte perpétua liberémur. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum. R. Amen. | Oremos. Dios todopoderoso y eterno, que con la cooperación del Espíritu Santo preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen y Madre María, para que mereciera ser digna morada de tu Hijo: concédenos que, ya que nos alegramos en su memoria, por su piadosa intercesión seamos librados de los males que nos amenazan y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo nuestro Señor. R. Amén. |
| V. Divínum auxílium máneat semper nobíscum. R. Amen. | V. El auxilio divino permanezca siempre con nosotros. R. Amén. |
La oración «Dios todopoderoso y eterno…» y el verso «El auxilio divino…» son una traducción del latín para ayudar a seguirlo, no un texto litúrgico aprobado.
En los libros más antiguos se dicen luego en silencio el padrenuestro, el avemaría y el Credo. Los libros de 1955 y 1960 lo omiten.
Si prefiere rezar en una pantalla, Divinum Officium ofrece las Completas del día con el latín y el inglés uno al lado del otro. Se pueden elegir las rúbricas de 1960 o una versión más antigua o monástica. La oración de la noche de la Liturgia de las Horas está gratis cada día en Universalis.