
Hijo de un conde de Cesena, se hizo monje benedictino a los dieciséis años, tomando el nombre de Gregorio, y enseñó teología en su orden antes de que Pío VI lo nombrara abad, obispo de Tívoli y de Imola, y cardenal. Tras la muerte de Pío VI en el exilio, fue elegido en un cónclave celebrado en Venecia. Fue un hombre bondadoso que soportó grandes pruebas con paciencia.
Firmó el Concordato de 1801, que restauró la Iglesia en Francia, y ungió a Napoleón como emperador en Notre-Dame en 1804, pero cuando Napoleón se anexionó los Estados Pontificios en 1809 se negó a ceder y fue mantenido prisionero en Savona y en Fontainebleau hasta 1814. De regreso en Roma, restableció la Compañía de Jesús en toda la Iglesia en 1814, recuperó los Estados Pontificios, erigió nuevas diócesis en los Estados Unidos y dio acogida en Roma a la familia de Napoleón tras su caída. Es Siervo de Dios, y su causa de beatificación se abrió en 2007.
La Iglesia lo honra como Siervo de Dios. Leer su página en el diccionario de los santos.