
Esteban, romano, hijo de Jovio, fue archidiácono de San Lucio I y le sucedió en 254. Atendió las apelaciones de obispos de la Galia y de Hispania tras las persecuciones, y envió ayuda a las iglesias de Siria y de Arabia.
Se le recuerda sobre todo por defender la validez del bautismo administrado por herejes, frente a San Cipriano y a muchos obispos de África y de Asia, que querían que tales conversos fueran bautizados de nuevo; la Iglesia siguió la enseñanza de Esteban. El Liber Pontificalis dice que murió mártir, aunque esto es dudoso. Fue sepultado en la Catacumba de San Calixto.
La Iglesia lo honra como Santo. Leer su página en el diccionario de los santos.